sábado, 2 de octubre de 2010

Haragán

levanta la cara
no te canses
mírame
levanta la cara
esfuérzate
que allá
donde las fístulas
duermen
a mí me duele
a mí me duele
haragán
levanta la cara
no puedo caminar
me duele
la fístula duele
haragán
dulce fístula
ínsula úlcera
duele
ahí
en el lugar
del dolor
clavan todo
todo clavan
y yo veo a uno caer
haragán
uno caer
muerto
por la brisa
por la prisa
de tu arma
haragán

sábado, 18 de septiembre de 2010

Hoy

Hoy no soy un perro. Hoy amanece mas temprano aunque no madrugue. Hoy escape de morir. Hoy recojo cosas del suelo. Hoy leo hasta un segundo antes de que revienten mis ojos. Hoy duermo en el sofa acurrucada por una pelicula de kurosawa (tengo la decencia de no poner subtitulos). Hoy camino un poco la ciudad y me arrepiento. Hoy como. Hoy tengo que banarme pero manana no. Hoy hablo con el telefono. Hoy pienso que enero esta a la vuelta de la esquina pero manana no.

jueves, 29 de julio de 2010

Post miminuto: ida

1. Los autos, además de la poesía (espero), han sido leitmotiv en este bloj. Ayer salí con mi amigo Charli. Fuimos a los choripanes de la Brasil y al irnos, nos encontramos con que algún choro había arrancado de cuajo una de las ventanas traseras. Lo raro es que no se robaron nada de adentro. Sólo la ventana arrancada al pie del auto. Había cosas que robar, pero todo intacto. Extraño, verdaderamente extraño.
2. El viaje a la yoni se está haciendo sentir en mi cuerpo. Me siento débil y triste. Como con gripe y melancolía. Sonriendo de medio lado o llorando con un solo ojo.
3. La poesía, además de los autos (espero), ha sido leitmotiv en este bloj:
para que no te mueras
para que no sepan que nos fuimos:
esas cabezas rodando por el suelo
esas quijadas babosas como bocas de animales sonreídos

de tu casa
donde la carne
                                              como bulbo irregular
                                              como salido de la tierra

para que no te mueras
de muerte o de miedo que te dan las cabezas con sonido

(María Auxiliadora Álvarez)

martes, 6 de julio de 2010

Lisboa Soundtrack de Barreto

He vuelto a leer hoy el último poemario de David G. Barreto (aún inédito) y hace unos días leí otro texto suyo, académico, en el que reflexiona en torno al agotamiento lírico a partir de un poemario de Edwin Madrid. Su ensayo es lúcido, cargado de ideas con las que conmulgo en tanto los caminos que -señala Barreto- se trazan a partir del dicho agotamiento son los que he seguido, como lectora, en los últimos tiempos en mi búsqueda de poesía.

Creo que los textos de Lisboa Soundtrack, su poemario -a pesar de lo mencionado anteriormente- son, en una medida, líricos. Por un motivo en particular, éstos están cargados de preguntas que una voz plantea. Aunque sean preguntas retóricas, algunas de ellas, deben ser escuchadas, en primera instancia, por el propio poeta. Se entabla así el juego especular en el que el alma, la conciencia o el ser íntimo adquiere forma (es isla nombrada, siguiendo a Barreto). Si bien una de las posibilidades del poeta es ser él mismo una ficción (como el epígrafe de Pessoa que abre el poemario invita a pensar: "Deus nao tem unidade, Como a terei eu?"; en español, "Dios no tiene unidad, / ¿Cómo la tendré yo?”), con lo que se iría al traste la posibilidad de pensar a estos poemas como líricos, también creo que es posible que no lo sea. Ahora, si bien estos poemas pueden ser líricos, son muchas cosas más y aquí radica la riqueza de su obra. En este espacio, quisiera detenerme en tres aspectos sobre los cuales, creo, se asienta su pluralidad, la imposible unidad de esta poesía:

El primero es el uso del encabalgamiento: éste puede dar énfasis a una idea; al romper el verso y muchas veces la palabra, juega con las varias posibilidades semánticas; convoca a los opuestos de modo que el enunciado poético es siempre la afirmación que se contradice a sí misma. El uso del encabalgamiento, es también sostén sonoro y visual de la caída que es la imagen que abre el poemario:


Yo. Aquel que escribe
en el desvanecimiento, en la ebriedad de la caída.


Otro poema en el que se aprecia el encabalgamiento:


¿A quién
decirlo


yo?

(Nótese cómo cae el "yo" en el último verso).

El segundo es que estos poemas son lenguaje, metalenguaje y silencio. Hay una constante reflexión alrededor del acto de nombrar como necesario para que el mundo exista. Sin embargo, no se queda en esto Barreto, sino que la voz poética se regodea en la posiblidad de dejar de nombrar al mundo. El laconismo de estos poemas se asienta en ello. Esto al punto que, de modo efectivo, en el poema, la palabra se oculta. Su silencio es radical en tanto es intención del intelecto. Si dar nombre a las cosas es deseo que constituye al hombre (un poema reza: Nunca entendimos / que la inteligencia / delega los nombres / al deseo), aquí ante la negativa a decir palabra se reconstituye la idea “hombre”, y adquiere un nuevo sentido la imagen de la "caída" a la que nos referíamos arriba. Esta caída se da en la anulación de la univocidad y, por ende, en la abolición de los discursos absolutistas y unívocos. De esto, inclusive, se puede desprender el hecho de que haya una clara conciencia en contra de la violencia que ha ejercido el ser humano en contra de otros seres humanos. A continuación, algunos poemas en los que esto se evidencia:


Dejar el decir.
Dejar/decir.
Decir.
Dejar.


***

Mis muertos
se amontonan sin exequias,
sin las preces,
sin.

***

¿Y si al salir quemáramos las naves y las espadas y las leyes
y ocultáramos nuestros pronombres en la orfandad de las cosas?

***

Von Brunn,
aquél que odia, aquél día,

que es siempre.

Tercero, la construcción de un universo poético en donde los múltiples niveles de significación son posibles al mismo tiempo. Para Barreto, la imagen de la acacia significa algo esencial, aquello que se desprende de la vida cotidiana y que permite hacer mundo, hacer vida. Es, claramente, una imagen metafórica. Sin embargo, y aquí radica -tal como yo lo entiendo y siento- la verdadera riqueza de la poesía de Barreto y en general de la poesía: la imagen poética, en este caso la "acacia", es también “árbol”. El ejercicio escriturario que (me) conmueve es aquel en el que el mundo no deja de ser mundo para ser metáfora. Leamos nuevamente sus poemas:


No confundas la resina del pinar
con el íntimo alfabeto de la acacia.


***


¿Nos conocimos, él
y ella, en la penumbra de las acacias?


***


¿Y si al llegar dejáramos vacíos los troncos de la acacia
y colmáramos los dioses con la fidelidad de las cosas?


Lisboa Soundtrack está dividido en dos partes. Así, hay al menos dos voces que dicen y callan, como en la canción de Los Beatles, en la que el viaje de regreso a casa es el viaje a ninguna parte, a la unicidad imposible.
http://www.youtube.com/watch?v=d1Y3PlmwnRM

viernes, 28 de mayo de 2010

Sobre el concierto de Robi Draco Rosa y BB en Quito

HDP CHCHtM
Las personas que asistimos ayer al concierto de Robi Draco Rosa, al que, en primera instancia, iba a abrir la banda ecuatoriana Biorn Borg, estamos con la sangre en el ojo. A última hora, a los BB les dicen que no van a abrir el concierto, sino a cerrarlo. Primer síntoma de que algo andaba mal. Segundo síntoma: llegamos a ese lugar tan difícil de encontrar, el punto g, discoteca en donde se iba a llevar a cabo el concierto, y resulta ser que a todas luces, para uno, gente de a pie que no organiza conciertos ni por el estilo, el lugar resultaba pequeño para un show como el de Draco. Luego, el chisme que había empezado a circular desde temprano el día de ayer: la desorganización en la producción del espectáculo era evidente para todos los que pusieron un pie en el punto g antes de que se abrieran las puertas al público. A los Biorn Borg los trataron mal. No les dieron camerino, ni un vaso de agua. Cuando reclamaron, les dieron por camerino un pasillo por donde pasaba todo el mundo, como en los peores días de nuestros hospitales públicos.
Cuando salió RDR al escenario, todos los malos presentimientos se olvidaron. Lo que no sabíamos los que estabamos adentro es que afuera a muchas muchas personas con sus tickets en mano les prohibieron la entrada porque ya no cabía más gente... Lo que no sabían los que estaban afuera es que a los que estábamos adentro no nos dejaban salir, porque estos hijos de mala madre se cagan en el consumidor de espectáculos, pero cuidan sus culos súper bien. Si querías comprar una botella de agua adentro, tenías que pagar $2. Si querías una lata de Redbull, tenías que pagar $6. Seguramente por esto, no podíamos salir.
Draco cantó dos canciones y se fue. Yo pensé: "pobre, le estarán poniendo oxígeno". Mas no. Los bomberos y el o la intendente estaban afuera. "Evacuarán breve, evacuarán breve". Y a ellos este cuestionamiento: ¿por qué esperar a que el concierto comience, para hacer algo? ¿Es de verdad sideral la desconexión de algunos o qué CHCHS?
El de Show Factory, la empresa que desorganizó el espectáculo, un tal Carlos Hidalgo (homónimo del Carlitos Hidalgo, pana), falsificó un permiso para que el concierto se pudiera llevar a cabo.
Basta. Nadie, ni Robi Draco, ni Carlos Hidalgo, ni el dueño de la discoteca, se paró en el escenario a dar una explicación al público. Ese silencio infame es lo que queda del concierto. Habrá que romperlo de algún modo. HDP CHCHtM

domingo, 9 de mayo de 2010

Post miminuto: 30 años

1. Antiayer fue mi cumpleaños. La fiesta, rica, verguero, sana que diría el Sáenz. Fui feliz. El chuchaqui: asesino, infame, monstruoso. Las canas se han reproducido como virus de gripe en los últimos tiempos. Aunque todavía parezco estudiante y no profesora de la u.
2. Cuando muera, no han de querer enterrarme.
3. Éste es mi cuarto cumpleaños al lado de Alicia. Soy su país de las maravillas.

domingo, 2 de mayo de 2010

Guadalupe Nettel: "Ptosis" o el objeto poético

Guadalupe Nettel es una escritora de origen franco-mexicano nacida en 1973. Es, en opinión de la crítica, una de las más prometedoras voces literarias de América Latina. Formó parte del Bogotá39 (la reunión, en 2007, de los 39 escritores menores de 39 más destacados del continente. Como toda lista, puede ser arbitraria, sin embargo, constituye un referente). En 2006, publicó su novela El huésped, finalista del Premio Herralde. En 2008, publicó su tercer libro de cuentos, Pétalos y otras historias incómodas. El cuentario abre con un epígrafe de Mario Bellatin y el primer texto, de los seis que lo conforman, se titula "Ptosis". Esta palabra ─que significa “desprendimiento del párpado superior”─ y el nombre de Bellatin nos dan las primeras pistas sobre cuáles serán algunos de los caminos que recorrerá este libro: lo "extraño", lo "monstruoso", lo "raro", lo "anormal".
El narrador de "Ptosis" se dedica a la fotografía médica. Su padre inició el negocio apadrinado por el mejor cirujano de párpados de París, quien exige a sus pacientes una serie de fotografías de los ojos antes de la operación y otra serie, después. El narrador está obsesionado con los párpados y tristemente ha notado que después de las operaciones, los contentos pacientes quedan marcados por el doctor Ruellan: todos esos ojos operados se parecen entre sí. Él sale a la ciudad en búsqueda de "párpados insólitos", jamás con su cámara fotográfica; quiere retener la imagen en la retina, nada más. Un día llega hasta el estudio una joven de provincia que tiene el párpado ligeramente caído. La conversación entre los dos es nimia. Él se queda prendado de ella, pero lo único que alcanza a decirle es que se va a enamorar de París y que querrá quedarse ahí. Ella le responde que no lo cree. Meses después, en los muelles del Sena, se vuelven a encontrar. Para sorpresa de él, sus ojos no han cambiado; la operación ha sido postergada por el doctor Ruellan, pero se llevará a cabo al día siguiente. Conversan, toman helado, caminan la ciudad, en donde ella ha decidido quedarse después de todo. Él la acompaña al hotel, pasan la noche juntos. Él le pide que no se opere; ella piensa que se trata de una de esas "mentiras exaltadas que se dicen en circunstancias como ésas". A la mañana siguiente, van juntos al hospital, pero él no cumple la promesa de quedarse con ella para cuidarla después de la operación. Huye, con el sentimiento de que el escalpelo del doctor Ruellan también lo hubiese mutilado a él.
Este cuento, que recrea una imagen que lo inserta en una línea trabajada en la narrativa hispanoamericana del XX y el XXI en Quiroga, Arlt, Palacio... Bellatin, nos lleva a pensar en el acto literario con el que irrumpe, en la literatura moderna de Occidente, la estética de la fealdad: la publicación de Las flores del mal de Charles Baudelaire. De este libro, "Una carroña" constituye un buen ejemplo de aquella exaltación de la belleza de lo "feo": el yo lírico compara a la carroña, al cadáver rígido del animal, con el cuerpo de la mujer lúbrica:
Las piernas al aire, como una hembra lúbrica,
Ardiente y exudando los venenos,
Abría de una manera despreocupada y cínica
Su vientre lleno de exhalaciones.
Le pide a su amada que observe aquello en lo que ella se convertirá algún día. El poema no constituye la representación de una imagen grotesca meramente, sino que hay una apropiación íntima de la mirada del yo lírico sobre aquello que, a los ojos de los otros, no podría ser considerado objeto poético. El vínculo entre la carroña y el cuerpo de la mujer amada así lo revela. El poeta deviene en el conquistador de nuevos ámbitos para la experiencia estética. Su mirada sensible sobre el mundo que lo rodea es otra mirada.
Se podría pensar al narrador del cuento de Nettel como el poeta que tiene esa otra mirada sobre el mundo circundante. Él es quien busca preservar la diferencia, mientras la colectividad, la sociedad, en términos amplios, busca terminar con ella. El párpado mínimamente caído de la mujer de quien se enamora es el fetiche que, más allá de referirnos sus obsesiones, nos lleva a pensar en ese cuerpo “anormal” (para todos los demás, inclusive para ella) como el objeto poético sobre el cual se vuelca toda su energía, su amor. El narrador que camina París en búsqueda de párpados únicos está, a fin de cuentas, discrepando con los efectos de la labor del doctor Ruellan, quien convierte a los hombres y mujeres que llegan a su consulta en algo menos que ganado con la marca de su escalpelo. El poeta canta a la diferencia, mientras el mundo busca eliminarla.
¿Qué lleva a la provinciana muchacha y a los demás pacientes del cirujano a desear una operación de párpados? La presión social por poseer cuerpos que cumplan con parámetros preestablecidos como aceptables. Como señala Nettel en otro cuento del libro, sus cuerpos (así como sus espíritus) son bonsáis que, en función de reproducir el modelo del árbol respectivo, van a ser constantemente mutilados. Desde la perspectiva de la autora, la verdadera violencia reside en la mutilación de esos cuerpos únicos, más que en su cualidad de diferentes. El narrador de “Ptosis” se conmueve ante esa violencia, al punto de que huye para no enfrentarla. Su huida del hospital es el acto del poeta que cierra los ojos ante la muerte del ser amado, para poder evocarlo siempre vivo.
El provincianismo de la muchacha se contrapone al cosmopolitismo del narrador. Él le advierte, sabio, que se va a enamorar de París. Ella lo pone en duda en el primer encuentro. Al final, él ha tenido la razón. Ella ha dado los exámenes para ingresar a la Sorbona. Sin embargo, el provincianismo, en este cuento, puede ser leído como la necesidad de ser una con la masa; éste radica en la muerte de las individualidades; en la muerte de la personalidad de los seres, de los espacios, de las dinámicas y las prácticas sociales. El cosmopolitismo, por su lado, puede ser leído como la aceptación gozosa de esas individualidades. Yendo a vivir a París no se resuelve el problema. Quedándose en su pueblo, ella podría ser tan cosmopolita como el más viajado de los poetas. El contrapunto provincianismo-cosmopolitismo no es una cuestión de más o menos movilidad en el mundo, mucho menos de adscribir a lo “exquisito” como único estilo de vida, menospreciando lo que no calce en ese estrecho parámetro: se trata de festejar la posibilidad de que lo otro sea distinto a lo propio. La muchacha del cuento de Nettel parece no tener salida: no entiende al narrador cuando éste le pide que no se opere; sus estructuras mentales, erigidas seguramente en función de la presión y las expectativas sociales castrantes (provincianas al fin), no le permiten amar o aceptar su parpado caído.
Estos textos, con “Ptosis” a la cabeza, replantean las posibilidades del objeto poético, del objeto artístico. Este esfuerzo no es novedoso; aquí hemos procurado rastrear los orígenes de este proyecto y actualmente, tanto en las artes literarias, como en las artes visuales, encontraremos buenos ejemplos de ello (revisemos, por nombrar una radical, la obra fotográfica del estadounidense Joel-Peter Witkins: cuerpos desmembrados, muertos, excesivos). Sin embargo, el persistir en la reivindicación de la mirada particular del poeta sobre el mundo se da en función de redimir a ese mismo mundo de las verdades unívocas, de las dictaduras (en la política y en la estética), de la estrechez de pensamiento. A esto se suma el cuidadoso ejercicio narrativo de Nettel: los narradores de sus cuentos relatan, sin exageraciones ni inútiles recursos retóricos, su caminar por la ciudad, sus dolores y alegrías, sus aprendizajes, sus relaciones.

Los otros cuentos del libro nos remiten también a personajes únicos, siendo, quizás, el más conmovedor de todos, la mujer que, por un tic que no puede controlar, arranca su propio cabello hasta la calvicie: Están también el voyerista y el obsesionado con el olor de los baños de mujeres... Éstos son los pétalos de Guadalupe Nettel; se desprenden de las flores de Baudelaire o, más cercanas a la escritora, de las de Bellatin: esas flores del mal, extrañas y únicas. El lector puede arrancarlos también y conmoverse, sorprenderse u horrorizarse, en su contemplación.